2 de octubre de 2024

¡Estoy aburrido!


El 𝗮𝗯𝘂𝗿𝗿𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 es un síntoma de TDAH en niños, adolescentes y adultos. Es una queja común en quienes tienen esta condición. Llama la atención que el 𝗮𝗯𝘂𝗿𝗿𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 no es considerado un síntoma dentro de los criterios diagnósticos del DSM-5. Sin embargo, es necesario identificarlo y monitorearlo.

Muchos niños 𝘀𝘂𝗳𝗿𝗲𝗻 verdaderamente cuando están 𝗮𝗯𝘂𝗿𝗿𝗶𝗱𝗼𝘀, con mucha frecuencia esto los predispone a la 𝗶𝗿𝗿𝗶𝘁𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 y están más 𝗱𝗶𝘀𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼𝘀 𝗮 𝗯𝘂𝘀𝗰𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗹𝗶𝗰𝘁𝗼 (𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗹𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗮𝘀𝗶 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗲𝘀 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗿 𝗮𝗯𝘂𝗿𝗿𝗶𝗱𝗼𝘀).

Si los niños no están bajo tratamiento, puede resultar 𝗮𝗴𝗼𝗯𝗶𝗮𝗻𝘁𝗲 𝘆 𝗮𝗴𝗼𝘁𝗮𝗱𝗼𝗿 para los padres el tener que controlar este síntoma y todas sus consecuencias. Algunos padres incluso se comienzan a sentir ansiosos cuando oyen a un hijo decir que está aburrido.

26 de septiembre de 2024

TDAH: ¿es necesario el medicamento?


Esta es una pregunta que muchos padres hacen a los especialistas cuando un hijo ha recibido el diagnóstico de trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Sin embargo, es una pregunta mal planteada, y debido a ello, tiene el riesgo de ser mal respondida. El estilo de pregunta induce a una respuesta dicotómica, es decir, a un «sí» o a un «no». Pero el asunto es más complejo que esto.

Entonces… ¿es necesario el medicamento? Esta pregunta no generará nunca una buena respuesta. No es una buena pregunta. Las malas preguntas generan malas respuestas, y las buenas preguntas generan buenas respuestas. La pregunta sobre la medicación debería formularse en términos de qué tan necesario es el medicamento.

Los medicamentos utilizados para tratar el TDAH son «necesarios» dentro de un continuo de necesidades que van de un extremo (necesidades vitales) a otro (necesidades de autorrealización). Por ejemplo, no es lo mismo qué tan necesaria es una aspirina para una persona que padece un dolor de cabeza leve, que la necesidad que tiene un diabético de administrarse insulina (pues en ello se le puede ir la vida). De forma similar, no es lo mismo la necesidad de tratamiento que tiene un niño con TDAH leve, que sin embargo, ha adquirido buenos hábitos de estudio, es inteligente y recibe el apoyo de sus padres y maestros; en contraste con la necesidad que tiene de la medicación un niño con TDAH grave, que asiste a una escuela caótica, posee una escasa inteligencia, tiene pobres hábitos de estudio y convive con una familia disfuncional.

Gracias a las descripciones de Abraham Maslow, en su obra Una teoría sobre la motivación humana, nos queda más claro que las necesidades de los seres humanos obedecen a una jerarquía, y tienen por tanto grados de importancia. Existen necesidades básicas que se encuentran en la base de una pirámide metafórica y pertenecen al orden de lo fisiológico (por ejemplo, comer, respirar, etc.), luego se encuentran las necesidades de seguridad y protección. Posteriormente le siguen otras necesidades menos importantes para preservar o mantener la vida, pero relevantes por su importancia en mantener cierto grado de bienestar físico y mental. Las necesidades que se encuentran en la punta de la pirámide son las que Maslow llamó «de autorrealización». Las necesidades de autorrealización tienen que ver con el desarrollo de todas las potencialidades de cada individuo. Es decir, comprende las necesidades de alcanzar el éxito, y con ello, aportar un beneficio o un valor a la comunidad.


En el caso de un niño con TDAH, cuyo grado de inquietud e impulsividad le ha llevado a sufrir accidentes (por ejemplo, caer de una azotea, o ser atropellado al atravesar la calle sin precaución), la necesidad de la medicación podrá localizarse cerca de la base de la pirámide, más precisamente en las necesidades de seguridad y protección. No es raro que los niños que padecen un TDAH grave generen un desgaste en sus cuidadores quienes no pueden quitarles la mirada de encima un solo segundo. En cambio, un grado de necesidad distinto es el que corresponde a un estudiante de preparatoria que padece TDAH leve y desea recibir tratamiento para obtener un desempeño académico sobresaliente. En este caso, la necesidad del tratamiento farmacológico se localizará en la punta de la pirámide, pues tiene que ver con las necesidades de autorrealización.

Cabe señalar que muchas veces el medicamento no es necesario en los términos del propio niño o adolescente, pues algunos parecen no «sufrir» el problema, sino más bien, son los padres y los maestros a quienes les resulta «necesario» que el niño se medique.

A lo largo de casi toda la pirámide de Maslow podemos situar el tratamiento farmacológico para el TDAH. En algunos casos podrá estar cerca de la base y en otros cerca de la punta. El nivel en el que ubiquemos la necesidad de tratamiento dependerá de las características del paciente y de su contexto inmediato.

Si bien casi todos solemos plantearnos mal la pregunta en torno a la medicación, el planteamiento correcto no nos garantiza tampoco una fácil respuesta. Desde esta perspectiva, la decisión de medicar depende de una reflexión cuidadosa sobre la calidad de vida del paciente y sobre una estimación del balance entre sus déficits y fortalezas.

Los padres tendrán siempre la última palabra.


¿Es algo inesperado el TDAH?


La inmensa mayoría de los padres de niños con TDAH no esperaban tener hijos con esta condición. Para prácticamente todos ellos fue una sorpresa que un hijo recibiera este diagnóstico. Para muchos de estos padres también fue algo inesperado enterarse que ¡ellos también padecían TDAH! y que esto explicaba en gran medida sus pautas de comportamiento problemáticas y algunas dificultades para funcionar en diferentes ámbitos.

Conforme mejora nuestra comprensión acerca del TDAH descubrimos que nada de esto debería de ser algo sorpresivo sino más bien esperable y predecible. En primer lugar, el TDAH suele dar manifestaciones desde los primeros años de la vida, de modo que, en teoría, debería de ser altamente improbable que alguien llegara a la vida adulta sin siquiera sospechar que lo padece. En segundo lugar, sabemos que el TDAH es una condición con una alta heredabilidad. Desde esta perspectiva no debería ser algo sorpresivo que los adultos con TDAH tuvieran hijos con TDAH.

Con frecuencia los eventos sorpresivos e inesperados en nuestra vida no lo son tanto si aprendemos a ver de dónde se originan y si logramos identificar cómo se van gestando a lo largo del tiempo.