Las demandas de la parentalidad pueden parecer excesivamente desproporcionadas en muchas familias, sobre todo si se parte de las expectativas que tenรญa cada progenitor. No es raro que llegue el momento en que uno de ellos, ¡o ambos!, tenga el deseo de escapar de esa situaciรณn.
En la mayorรญa de los contextos culturales, le resulta mรกs sencillo al hombre emprender la huida. Pero aquรญ no termina la historia. El progenitor que se queda, habitualmente la madre, se enfrenta ahora a una demanda mucho mayor, dejรกndole la sensaciรณn de haber caรญdo en una trampa. Esto puede generar una especie de amargura que impregnarรก la atmosfera familiar por muchos aรฑos, y sin duda, afectarรก la salud mental de los hijos.

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