Observo con frecuencia en muchos niรฑos y adolescentes dificultades para tolerar el aburrimiento sin sentir el impulso por usar una pantalla. A veces, no es exactamente aburrimiento sino simplemente el hecho de enfrentarse a no hacer nada por algรบn momento, a veces minutos. Aunque muchos padres estรกn en contra de que sus hijos pequeรฑos tengan un celular propio, en la prรกctica esta medida resulta irrelevante pues son ellos quienes le facilitan su propio celular al hijo. Esto es mรกs frecuente cuando el niรฑo se queja de aburrimiento. Quizรก nunca antes una generaciรณn de padres se habรญa sentido tan involucrada en atender y evitar el aburrimiento de sus hijos como sucede ahora. Posiblemente, en nuestra sociedad flota en el aire la idea de que estรก mal aburrirse, o no hacer nada, y que debemos buscar algo que nos mantenga entretenidos.
Cuando los padres me preguntan a quรฉ edad recomiendo que un niรฑo tenga su propio celular, mi respuesta casi siempre resulta imprรกctica. Habitualmente sus hijos tienen ya un tiempo de exposiciรณn a pantallas muy por encima de los lรญmites propuestos por asociaciones u organismos que velan por la salud y el bienestar infantil.
Con la reciente aceptaciรณn, por la Organizaciรณn Mundial de la Salud, del ๐จ๐ข๐ฎ๐ช๐ฏ๐จ ๐ฅ๐ช๐ด๐ฐ๐ณ๐ฅ๐ฆ๐ณ (adicciรณn a los videojuegos) en su lista de enfermedades mentales, la relaciรณn de los dispositivos electrรณnicos con la salud infantil ha adquirido mucho mรกs relevancia.
Si facilitar un dispositivo electrรณnico a un niรฑo, puede llevarle a desarrollar un patrรณn de dependencia -que incluya ๐ค๐ณ๐ข๐ท๐ช๐ฏ๐จ y sรญndrome de abstinencia- tal como sucede con una droga psicoactiva, entonces... el asunto de las pantallas es muchรญsimo mรกs delicado de lo que creรญamos.

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